PROCESIÓN EN CELAYA: EL SILENCIO DEL MIEDO

El Momento de Crisis: Caos en la Procesión del Silencio de Celaya

Por: Candy Mirari Cordero Marín

Desde mi participación en el 2013 para escribir el libro “Cincuenta Aniversario de la Procesión del Silencio en Celaya”, no asistía a ver tal evento. Por trabajo, por compromisos alternos, vacaciones, familia, etc., no me fue posible ver nuevamente tan maravilloso suceso, hasta hoy.

Eran las 5:46 pm, estábamos listas unas amigas y yo para ver la Procesión en primera fila, desde la calle de Cuauhtémoc casi esquina con Quintana Roo; sabíamos que comenzaría el recorrido desde el Templo del Carmen, siguiendo la ruta sobre Obregón, Hidalgo, Cuauhtémoc, Manuel Doblado, Insurgentes, Galeana, 5 de Mayo, Guadalupe, Madero, finalizando nuevamente en el templo.

Alrededor de las 6:30 pm, comenzamos a ver a los primeros participantes pasar por nuestra locación, el ambiente era de respeto y entusiasmo de ver vibrar las energías del público y los participantes, todos pidiendo respeto por el momento emotivo y de luto que se estaba viviendo, ¡SILENCIO!, se escucha el pedir de la gente a aquellos que continuaban murmurando, el público fue un participante más de la procesión tan esperada, éramos uno mismo junto a las cofradías.

Nadie, absolutamente nadie, se esperaba lo que vendría después. Al paso de 7 cofradías, aproximadamente cerca de las 7:00 pm, escuchamos proveniente de la radio de un elemento de Protección Civil, en voz nerviosa y de alarma “tenemos una estampida en el Templo del Carmen”, mis amigas y yo entramos en estado de alerta, preguntándonos qué había ocurrido, “¿estampida?”, inmediatamente mis amigas empezaron a buscar entre grupos de Facebook si algo había pasado, mientras tanto, la Procesión de Celaya seguía su curso.

Al cabo de dos minutos, vimos cómo se desprendió una marabunta de personas corriendo, aventando sillas, bancos, tomando a sus niños e intentando resguardarse en las casas vecinas. Mis amigas y yo corrimos a la casa de una de ellas, abriendo desesperadamente la puerta, como si nuestras vidas dependieran de ello, no sabíamos qué pasaba, sólo escuchábamos los gritos de personas, llantos de infantes, gente pidiendo asilo. Logramos albergar a 6 familias, que incluían niños, personas de la tercera edad, todos entramos en un estado de pánico, incertidumbre, pidiéndonos calma unos a otros, una de ellas llorando nos dijo: “mi esposo y mi hijo están participando en la procesión, ¿qué pasó’”. No sabíamos nada más allá de lo que habíamos escuchado: “una estampida en el Templo del Carmen”.

Pasados unos minutos comenzamos a salir para ver si todo estaba en calma, vimos gente confundida, otros en estado de estrés y nerviosismo, algunos en llanto por no saber lo que pasó. Poco a poco la gente se fue del lugar, sólo los vecinos nos quedamos, de pronto, vimos cómo los participantes comenzaban a integrarse nuevamente en fila para continuar la Procesión. Euforia. Aplausos. Silencio.

Continuó la Procesión del Silencio en Celaya, pero vaya, qué silencio, no era un silencio de respeto, era el silencio de una sociedad asustada, llena de incertidumbre, frustración, era el silencio del miedo. Los rostros del público que continuaba observando al mismo tiempo que buscaba lo sucedido, reflejaban temor, ansiedad, preocupación y en cierta parte, sí, admiración hacia los participantes que no dejaron su puesto, permaneciendo firmes a continuar su manda.

Entre tantas emociones encontradas, terminamos de ver el evento religioso. Escuchamos muchos rumores, riña, balacera, “no pasó nada” famosa célebre del gobierno que nos rige. Nos dimos a la tarea de buscar lo sucedido, ¿qué habría ocasionado tal euforia y pánico en el público? Pero claro está, las autoridades haciendo lo suyo, normalizando el estado de miedo como un suceso aleatorio, “saldo blanco” dijo el secretario, alguien entró en crisis es todo, “mala información”, pero ¿por qué un elemento de Protección Civil le diría al otro “estampida en el Templo del Carmen”? ¿Por qué los locatarios de Hidalgo y sus alrededores, hasta Casa del Diezmo, tuvo que albergar a gente para su resguardo?, ¿por una simple riña entre dos personas? ¿Será esto el máximo reflejo de una sociedad que vive en estado de pánico, en una ciudad donde no pasa nada?

La realidad es que nadie confía en los medios ni en el gobierno, preferimos creer que algo más allá de una riña pasó, deseamos pensar en algo más grande que justifique el correr de decenas de personas despavoridas por salvarse, porque sino tenemos esa firme certeza, entonces caeríamos en una realidad sumamente alarmante, vivimos en el municipio del “no pasa nada” con un miedo silente, un estado de pánico normalizado donde cualquier cosa nos hará correr por nuestras vidas. Esto ya no se trata de un #CelayaPonteBonita, ni de minimizar los hechos porque “un alarmista corrió y todos corrieron”, ¡No!, se trata de una realidad pavorosa, donde hasta en un evento religioso de paz y armonía familiar, una “simple” riña y movimientos de autoridad, genera una Procesión del Miedo.

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