TIERRA DE MALANDROS

Arturo Miranda Montero

Anda una conseja muy ingenua rondando plataforma y media: “somos más los buenos”.

Buenos para qué o para quién, porque no se notan las bondades de esa supuesta mayoría. La otra parte del binomio, los malos, anda como si nada por cualquier sitio y hora; esos sí se notan, y con creces.

Los bellacos han hecho de nuestra vida eso, una bellaquería, una ruindad, una vileza. La violencia se nos ha familiarizado hasta para “resolver” conflictos familiares, viales o de cualquier tipo. Como en esta país la muerte tiene permiso social y oficial, pues medio mundo anda armado y enfrenta al otro con saña.

Malandrines pululan por todos los ámbitos. Vea si no cómo están apareciendo los candidatos de todos los partidos; los jueces que deben ver que no se cuelen la tienen muy difícil, si es que desean purgar con honestidad a los obvios malhechores. Pero los partidos políticos son los culpables de lo juzgado: ya no escogen a los mejores sino a los que tienen con qué.

Y no se trata de los más violentos; también están los desobligados con sus familias, los evasores de todo tipo, los que eluden las leyes, los que se creen los más listos. Esa fauna trabaja cotidianamente por hacerse de los espacios donde hay poder. Ya se sabe: no me den, pónganme donde hay. Y se sirven a cucharadas y cucharones.

¿Los buenos? Retraídos en casa, agitando las redes digitales desde allí, mirando con enojo cómo se dan las cosas allá afuera.

Quizá el único recurso bueno sea el voto en las urnas; pero los que se niegan a votar la hacen más difícil o más fácil, dependiendo que qué lado masca la iguana.

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