Chispitas de lenguaje

Enrique R. Soriano Valencia

sorianovalencia@hotmail.com

Participio activo, cuento de nunca acabar

Un cuento inacabado para que el lector concluya o termine con su imaginación la historia, es una obra muy apreciada. El famoso relato de Augusto Monterroso («Y cuando despertó, el dinosaurio todavía seguía ahí»), es muestra magistral de ello. Demanda del lector creatividad para suponer inicio, final y condiciones. Así participa el lector para resolver la situación según su criterio y parecer. Y no obstante, queda la duda. Se vuelve un cuento de nunca acabar. Eso cosquillea el placer de las alternativas.

Sin embargo, hay cuentos que dan vuelta una y otra vez y se tornan insoportables. Es el caso del multirreferido ‘participio activo o de presente’. Cito la página 2086, punto 27.8d, de la Nueva gramática de la lengua española (Academias de la lengua, Espasa, 2009): «No existen en el español actual participios de presente».

Abordo de nuevo el tema porque leo una opinión (mezclada con los desdoblamientos –que en esa parte tienen razón–: mexicanos y mexicanas) y me entero de la participación de un diputado en un debate en un país latinoamericano y otro antes de las elecciones de España: insisten en la inexistencia del femenino de presidente con el argumento que es un participio activo o de presente.

Internet es una maravilla… pero también una perdición (en realidad el instrumento no es condenable; su uso es lo que no siempre resulta conveniente). Cuando uno busca participio activo o de presente de inmediato surgen páginas de prestigio: Universidad de Sevilla (https://personal. us.es/kadhim/arabeprimero/participios/page_02.htm). Consultada la página se refiere a la lengua árabe (descartada, entonces). Más adelante, en la opción del navegador «¿Qué es el participio activo?», aparece un rótulo que dice «Gramática de la Lengua Castellana: 1.07 Wikisource». Asegura que en la Gramática de la lengua castellana, la Real Academia de la Lengua Española divide en dos los participios: activos o de presente y pasivos. Y, en efecto, ejemplifica sobre la imposibilidad de feminizar vocablos como presidente.

Seguro se refiere a la Gramática de 1771, pero la página no aclara al respecto. Quien haga la consulta, por supuesto que la dará como válida (particularmente porque en muchos países llaman castellano al español).

Los algoritmos de búsqueda suelen presentar no las páginas más precisas o prestigiadas, sino las más vistas o promocionadas. Eso significa que en una consulta rápida (como nos suele pasar en este mundo tan acelerado), lo más probable es que no obtengamos una respuesta precisa, exacta o la científicamente válida.

Las Academias en la Gramática (2010) sostienen que presidenta es tan válida como parturienta, clienta y sirvienta. Es decir, sí proceden del participio activo del latín (en ese idioma, al igual que en el italiano actual, existe esa modalidad), pero se convirtieron en sustantivos y adjetivos en nuestro idioma. Entonces, las reglas aplicables son las de la gramática actual, no la del pasado (castellano), ni de la procedencia (latín) o la de lenguas similares (italiano). La evolución del idioma llevó a formar sustantivos femeninos (incluso, parturienta es absurdo el masculino), aunque no en todos los casos (estudiante). Ya basta

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