DIÁLOGOS DE VIDA

Santiago Heyser

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 “Educación IV – Internet & Redes III” ¿Cuánto tiempo pasan los niños y jóvenes en las pantallas de los dispositivos digitales vs. el tiempo de calidad que comparten con otras personas: educación, convivencia familiar y sano esparcimiento? ¡Tome un reloj, póngase a sumar minutos y se sorprenderá! De hecho, muchos de los aparatos tienen la facultad de medir, no sólo el tiempo que pasa uno con el dispositivo, sino que además le pueden informar en qué aplicaciones; hay varias aplicaciones gratuitas disponibles que puede utilizar con éste fin; pero lo relevante es que no tomamos consciencia del tiempo de vida que se pierde y con ello la oportunidad de dedicar esa misma cantidad de tiempo a crecer, contribuir, participar de manera profunda en la vida de nuestros seres queridos, de la sociedad en general y desarrollar el potencial humano que hay en cada uno de nosotros y en cada uno de nuestros hijos. Hagamos una cuenta sencilla tomando promedios de tiempo de un menor de edad que va a la escuela y vive en una ciudad: De 24 horas que tiene el día, hay que destinar 1 hora para levantarse, bañarse y desayunar, 30 min. para llegar a la escuela, 6 horas en la escuela, 30 min. para regresar a casa, 1 hora para comer, 1 hora para realizar tareas de la escuela, 30 minutos para trasladarse a realizar alguna actividad deportiva, 1 hora de deporte, 30 min. para regresar a casa, 1 hora para cambiarse, cenar y prepararse para dormir y 8 horas de sueño; el total son 21 horas, o sea que le quedan libres 3 horas. Si usted permite que su hijo tenga un celular o tablet 2 horas al día, significa que el 66% del tiempo que le queda libre lo dedica al entretenimiento y a recibir información vacua o dañina que usted no controla, a través de los contenidos de Internet, YouTube y las redes sociales… saque sus conclusiones. Hagamos la cuenta de otra forma. Si sus hijos están 2 horas al día con su atención en la pantalla de algún dispositivo digital, significa que dedican 730 horas al año, o sea 30 días de 24 horas continuas de tiempo dedicados cada año a estar “con el aparato en las manos”. Eso es el 8% de su vida… ¿Le parece poco? Para acabar de complicar las cosas, cualquier experto (y no experto), sabemos que en beneficio de la educación de nuestros hijos, lo ideal es ser congruentes con las lecciones que enseñamos y predicar con el ejemplo, ya que los hijos aprenden imitando y ante la incongruencia, se pierde autoridad moral. Lo que nos lleva al siguiente cuestionamiento: ¿Cuánto tiempo pasan mamá y papá con el celular o la tablet en la mano? Internet es un amplificador; desafortunadamente amplifica cualquier cosa. ¿Usted dejaría que su hijo se juntara con cualquier persona?… bueno, pues eso sucede en internet y las redes sociales, nos guste o no. Todo el mundo está ahí, por lo que la mayoría de los mensajes, interacciones y calidad de contenidos a los que se exponen nuestros hijos, sin lugar a dudas no son ideales ni beneficiosos para su educación ¿o usted cree que sí? Además, las aplicaciones y las redes sociales son diseñadas por expertos tecnológicos con el objetivo de captar y manipular su atención, para convertirlos en seres humanos estúpidos, perdón, en ‘consumidores’ y desde ahí les inculcan estándares de belleza, de consumo y de éxito que poco a nada tienen que ver con una vida de calidad. Al respecto, Gil Gamés, escritor y periodista, nos lleva a una reflexión: “Vivimos en una cultura fragmentada, en la que nuestras certezas de hace tan sólo unas décadas se ponen en entredicho y en la que suele ser común que los hombres y las mujeres jóvenes, tras años de educación, no sepan nada del mundo, no hayan leído nada, sólo sepan de una u otra especialidad, por ejemplo, de computadoras”. Lo irónico, es que nunca en la historia de la humanidad habíamos estado expuestos a la cantidad masiva de información que hoy recibimos cada día, y sin embargo, el mundo y la sociedad humana continúan en decadencia… cantidad de información no es lo mismo que calidad y saber datos no es tener conocimiento. Dejemos algo claro, el problema en sí no es la tecnología, son los contenidos que generan las personas, los gobiernos, los políticos y las empresas; lo que hace la tecnología es brindar accesibilidad ilimitada. Si le diéramos un celular a nuestros hijos que solo hace llamadas, manda mensajes por whats app y reproduce música con una cuenta premium sin anuncios, no habría conflicto; el problema no es el aparato, es la interacción con cualquier persona, el acceso a contenidos basura, la exposición a información que distorsiona la realidad y la manipulación permanente… Así de sencillo. Recuerda, si quieres que escribamos sobre una situación o tema en particular, escríbenos a: dialogos.vida@gmail.com Un saludo, una reflexión.

 Santiago Heyser Escritores y soñadores

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