El peor sordo

Enrique R. Soriano Valencia

Dice un dicho popular que «No hay peor sordo que quien no quiere escuchar». Hace unos días el Instituto Municipal de Arte y Cultura tuvo la gentileza de convocarme a un evento público que encabezó el gobernador Diego Sinuhe Rodríguez Vallejo en Celaya. Me presenté, entonces, el pasado lunes 27 de febrero en la plaza de San Agustín en la puesta en marcha del programa Celaya ponte bonita.

Al escuchar al maestro de ceremonias presentar al comandante de la XVI Zona Militar, general Enrique García Jaramillo, de inmediato acudí a señalarle la imprecisión con que lo hizo. La expresión usada por el conductor del programa y el ademán que me prodigó me hace suponer que a ciertos funcionarios del Gobierno del Estado no les importa el efecto que la actuación pública pueda acarrear. Se limitan a hacer su trabajo como salga, sin importar el servicio a la sociedad, que es la responsabilidad del Estado.

Decía Mao Tse Tung (o Dong, como ahora lo traducen) que cuando uno escribe para uno, el impacto o efecto se reduce a uno. Pero si da a leer a otro un texto, el problema se duplica; y cuando lo da a conocer a muchas personas, el daño se multiplica. Por tanto, es prudente que quienes tiene una responsabilidad pública sean más cuidadosos para evitar recrear imprecisiones.

Se ha generalizado la confusión entre números ordinales y los fraccionarios. Ello, muy probablemente debido a que comparten nombres idénticos en algunos casos, concretamente del cuarto al undécimo/a. Sin embargo, a partir del doce (decimosegundo y doceava) la forma de nombrarlos está perfectamente diferenciada.

Me explico con detalle. Los números fraccionarios sirven para indicar las partes en que un entero es dividido. Cada sección de ese entero recibe el nombre de la porción que representa del entero. Esto es, si se divide por la mitad, cada parte recibe el nombre de medio (un medio); si se parte en tres secciones iguales, cada una será un tercio. Por supuesto, lo mismo sucede si es en cuatro, que cada fracción se llamará un cuarto y así sucesivamente.

Por su parte, los números ordinales sirven para identificar la prevalencia. Ejemplifico con las competiciones, quién está por encima de sus opositores es el primero. Este es más destacado frente al segundo, pero este último será mejor que el tercero y este que el cuarto. Los números ordinales también se aplican para el orden en que se presenta algo, por ejemplo, un festejo: el quinto aniversario de bodas.

La zona militar con sede en Irapuato es la xvi. Como norma ortográfica, si un número es enunciado con números romanos se leen como números ordinales. En este caso, entonces, es la Décimo Sexta Zona Militar (y con mayúscula porque así ya es nombre propio). Llamarle dieciseisava es considerarla una fracción de un entero. Es decir, que la zona militar sería mucho más grande y en esta parte solo se encuentra una parte de dieciséis con las que contaría una región mayor. Si consideramos que el país está dividido en 46 zonas militares, implicaría que al menos la que corresponde a esta región está fraccionada en dieciséis partes. Eso implicaría un mando muy pequeño. Por ello, es absurdo e incongruente lo que mencionó el conductor del programa.

No me parece un error menor, si se considera la desatención al comandante de la zona militar, la desorientación a quienes escucharon y la falta de profesionalismo del conductor del programa por la reacción, expresión y seña aplicada a este observador. Me parece que una de las múltiples funciones del Gobierno del Estado –en concreto, lo que deben hacer los funcionarios– es fortalecer a la sociedad y no desorientarla… menos, ofender a una parte.

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