Por Velia María Hontoria Álvarez

La ciudad pareciera aun desconfigurada; trata como quien despierta de una compleja cirugía, animar las piernas para apurar el paso y salir del letargo anestésico; busca ansiosa abrir los ojos para encontrar el antídoto en una frase que, aunque pareciera sobada, trae vientos de esperanza. Abre su boca para expresar alegría a la ciudad, hermoseando la fachada. Después de tantos agujeros, que se abrieron en el sinsentido, barricadas, sequías, largos duelos y angustiantes quebrantos, quiero pensar que se irá puliendo el panorama, pues escucho la energía, de quienes empuñando el azadón cantan sones de fe y amor para inyectar regocijo, a todas las venas de nuestra ciudad porqué tú y yo lo sabemos esta es nuestra ciudad, está viva y respira, estos son los tiempos que nos tocaron vivir y no hay de otros.

 Cada celayense en si puede abonar su semilla, por más difícil e increíble que nos parezca, pues en esos pequeños detalles, está el secreto que puede motivar a dar un nuevo rostro. Definitivamente, la autoridad deberá poner el ejemplo y nosotros dueños absolutos de ella, exigir y dar continuidad al ejemplo.  No puedo evitar sonreír con un corazón henchido cuando una persona me cede el paso o yo hago lo propio; cuando miro a la abuela que lleva a la nieta y detengo la prisa, para desearle un buen día, ganando así una angelical mirada. Reconozco que disfruto mirar limpia la ciudad, ese puente Anenecuilco estrenado fachada, con la cara lavada, aunque lamento la pérdida del hermoso mural que ahí ostentaba, pues eran dos bellas obras de chicos valiosos y artistas; ojalá y puedan reponerlos con otras obras.

Me gusta mirar que van cerrando los baches, que a su paso a dejado las obras del agua y que seguramente ya en Fundación y tantos lados no habrá ningún accidente y esas mallas anaranjadas se doblaran para despejar las avenidas, retomando así la ansiada normalidad, en esta ya ajetreada ciudad.

Me gustan las calles barridas y con plantas, cuando miro a los jardineros atentos cuidando espacios detallando la obra; me siento feliz de mirar los espacios despejados de basura; quizá por eso siento que No necesito decirte ni convencerte de que  barras, para que mis manos se animen a levantar el papel que está fuera de su sitio, ni necesito explicarte el porqué del escombro que enferma, pues sé que tu deseas y anhelas cimbrarte en el regocijo de tener y vivir en una ciudad hermosa, y, que ya lo haces. Una vez más, las campanas suenan, para recordarnos que el ahora ya llegó y viene con prisa.

Ya se rompieron las piñatas de los vicios, con sus picos pecaminosos; no está de moda quien roba y hace pillerías. La lección esta aprendida, una mayoría apostamos a ganar queriendo la Puerta de Oro del Bajío. Arranco escribiendo esta oda, esta prosa de cariño animada y confiada buscando contagiarte querido ciudadano, con esta alegría, basta de lamentarnos y decirnos que de nada vale pues cada mañana, nos invita al despertar una oportunidad de brindar a la ciudad la mejor versión en donde definitivamente sólo yo tengo la decisión.

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