DÍAS DE GUARDAR Domingo 6 de agosto de 2023

*Marko Cortés toma control de la sucesión en Guanajuato; *Xóchitl Gálvez en gira: crítica hasta con el PAN; *Efervescencia en todas partes, menos en la dirigencia panista


1.- El dedazo que ya no fue

Marko Cortés, dirigente nacional del PAN, completó esta semana la operación política que inició desde enero, cuando madrugó al gobernador y a sus correligionarios de Guanajuato para anunciar, en rueda de prensa improvisada, que habría candidata mujer a la gubernatura y que sería escogida con garantía de “piso parejo” para las aspirantes.

La mesa de diálogo acordada el lunes pasado, entre Libia García y Alejandra Gutiérrez, presidida como mediador por el ex gobernador de Morelos Marco Antonio Adame Castillo, viene a liquidar cualquier posibilidad de un dedazo unilateral por parte del oficialismo local, encabezado por el gobernador Diego Sinhue Rodríguez Vallejo.

No cabe duda que la inventiva política del ex gobernador Miguel Márquez Márquez, al evitar las elecciones internas para dar un dedazo que antepuso sus intereses personales en detrimento de su partido, quería ser imitada por Sinhue, pues no hay manera más cómoda de garantizarse un tránsito tranquilo al final de un gobierno turbulento.

Márquez, a diferencia de su antecesor Juan Manuel Oliva, disfrutó de un sexenio de placidez después de dejar el poder. Incluso los primeros tres años fue más influyente que cualquier ex gobernador. Su poder alcanzó para colocar secretarios de estado, directores, dirigente de partido y hasta alcaldes y diputados en la elección del 21.

El mal ejemplo cunde y Diego Sinhue junto con su grupo cero, en un análisis que deliberadamente quiso ignorar el cambio de paradigma y el nuevo escenario político del país, pretendió una segunda edición del dedazo a rajatabla.

Aunque muchos panistas de la nueva hornada, completamente ajenos a los valores de su partido, creen que es prerrogativa del gobernador en turno elegir a su sucesor, se trata de una visión equivocada.

Juan Manuel Oliva hubiera preferido por militancia e historia hacer gobernador a Gerardo Mosqueda, pero debió allanarse a respaldar a Miguel Márquez, sin poder eludir una elección de militantes donde su delfín contendió frente a Ricardo Torres Origel y José Ángel Córdova.

Juan Carlos Romero quiso impulsar a Luis Ernesto Ayala en una decisión tardía que sólo vino a estorbar a Javier Usabiaga, candidato del presidente Fox, lo que le facilitó a Juan Manuel Oliva hacerse de la candidatura y pasar de operador tras bambalinas a protagonista.

Ya no digamos la cerrada contienda del año 2000 entre el propio Romero Hicks y Eliseo Martínez Pérez, resuelta en una asamblea con tiempos extra y toda clase de chanchullos para favorecer al ex rector universitario.

En los más de 30 años de la era panista, la democracia ha sido la regla y el dedazo solo fue la excepción. Las contiendas democráticas legitimaron a los aspirantes y les ayudaron a establecer esferas políticas autónomas de sus promotores. Eso no ocurrió con el único beneficiario del dedazo: Sinhue tardó tres años para construir una precaria autonomía.

Trayendo esas referencias al presente, la travesura que ya le hizo Alejandra Gutiérrez a Diego Sinhue al haber dado pauta para impedir un dedazo flagrante y llegar a un proceso que deberá contemplar, de una u otra manera, la opinión de los panistas y quizá incluso de la ciudadanía en general, podría tener su mayor beneficiaria en Libia García.

En efecto, en la contienda que se avecina, cualesquiera que sean las reglas y el método, quien logre salir adelante logrará acumular un capital político que hará innecesarios los pactos a futuro con el actual equipo gobernante, lo que de entrada acaba con la posibilidad de reeditar el mini maximato marquista.

Habrá que estar atentos al comportamiento de Marco Antonio Adame, ex gobernador cercano ideológica y políticamente al ala yunque del panismo guanajuatense, hoy por cierto dividida en sus preferencias entre Libia y Alejandra.

Este sábado en una comida multitudinaria en San Francisco del Rincón, convocada por el ex alcalde Juventino López Ayala, por fin se mostró Miguel Márquez en apoyo a Alejandra Gutiérrez. Mientras Juan Manuel Oliva está cercano al dieguismo.

Más allá de lo cargado que se encuentran las preferencias a nivel local, con un uso desmedido y desaseado de recursos públicos en las dos candidaturas con mayores posibilidades, lo cierto es que hoy por hoy no hay nada para nadie.

2.- Xóchitl Gálvez vio lo que no ve el gobierno panista de Guanajuato


La empresaria hidalguense surgida a la vida pública en su vida adulta, de la mano de los “cazadores de cabezas” del entonces presidente electo Vicente Fox Quesada en el año 2000, le ha dado una ventana de esperanza a sectores ciudadanos resistentes al gobierno de Andrés Manuel López Obrador y su Cuarta Transformación.

Sin embargo, Xóchitl Gálvez, muy bien asesorada, ha evitado confrontar los logros del gobierno del que se ha convertido en la opositora más exitosa hasta ahora, pues parece tener una cabal medición de que no será el radicalismo sino una solución intermedia, la que puede seguir avanzando más allá de los núcleos duros anti amlo.

Quizá por eso, en Guanajuato sus posturas fueron claras y no muy del agrado del estamento panista que gobierna. Críticas al gobernador por los problemas de seguridad de las carreteras; críticas al fiscal Carlos Zamarripa, “no por corrupción pero si por un problema de eficacia y eficiencia”; preocupación por la percepción de inseguridad en Irapuato; apoyo para trasladar el método mixto de elección con el que se realiza el proceso nacional a la elección de candidata panista en Guanajuato.

Los panistas guanajuatenses, particularmente los de la facción dieguista, parecen muy seguros del viejo mantra de los años pasados: “Guanajuato se cuece aparte”.

Sin embargo, en esta ocasión, el estado más panista de México forma parte de la ecuación mediante la cual una gran coalición opositora que se quiere histórica, que incluye partidos, empresarios y sociedad, busca no quedar eliminada de antemano de la disputa por la presidencia de la República en 2024, casi como asunto de vida o muerte.

Por eso, la aspirante que más relevancia ha cobrado en medios y redes sociales, no se anduvo con medias tintas y dijo lo que tenía que decir para ser escuchada más allá de los auditorios filopanistas que le reunieron.

Seguir creyendo que la ropa sucia de Guanajuato se lava solo en casa, es sobre todo una maligna ceguera de taller. De hecho hace tiempo que ya no pasa y creer que quien encabece a la oposición nacional necesitará de componendas y no de votos, puede ser un error de proporciones catastróficas.

La batalla por la presidencia de la República ya ha obligado a unirse a las diferentes oposiciones políticas, ha obligado a militar a los empresarios, ha bajado de su pedestal a intelectuales, ha desenmascarado la pretendida neutralidad periodística. Pensar que el doble discurso que se volvió la normalidad de la clase panista de Guanajuato puede aportar algo a esa batalla, sería un absoluto divorcio de la realidad.

Ya en sus primeros pasos por Guanajuato, cuando le obligaría cierta cortesía, Gálvez no dejó de observar los principales lastres que ven los ciudadanos y que niegan los políticos. Si su candidatura cuaja, cuando regrese, su discurso seguramente se radicalizará.

3.- López Mares, el papel más triste

Hace no mucho lo revisamos aquí: la elección de Diego Sinhue para confiar el PAN de Guanajuato a Eduardo López Mares, parece uno de sus peores errores.

El bajo perfil del dirigente le estaba restando la posibilidad de ejercer una contención y un arbitraje en la contienda por la candidatura estatal, algo que seguramente se replicará en el resto de las posiciones en juego.

Las cosas cayeron por su propio peso. La mesa de diálogo decidida a nivel nacional, puesta a cargo de un mediador externo a Guanajuato, una solución no demasiado estatutaria, termina de colocar en la marginación más absoluta al dirigente formal del panismo.

El silencio de López Mares es la señal más estridente de la banalidad política en la que el dieguismo colocó a la estructura formal del partido.

Con algunos de sus principales ex dirigentes militando de manera abierta y desafiante en el alejandrismo, mientras el jefe en funciones se refugia en oscuras giras municipales, lo que se está provocando es una erosión en el panismo como no se había visto en las 3 décadas anteriores.

Ya no cabe ni la muy elemental rijosidad con la que el irapuatense ha tratado de hacer frente al debate público interno y con otros partidos.

Al elegir la ineptitud y la falta de oficio como aliados, el gobierno de Sinhue parece haberse cortado los brazos en el terreno de la política partidista, mientras todas las responsabilidades del control político se cargan a la estructura de gobierno, de por sí rebasada.

Es la crónica anticipada de un horizonte de conflictos en los días que vienen.


Arnoldo Cuéllar Ornelas
@arnoldocuellaro

Periodista, analista político. Fundador del Laboratorio de Periodismo y Opinión Pública, medio digital y asociación civil.

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