EDUCAR CONTRA LA VIOLENCIA

Enrique R. Soriano Valencia

El vocablo educar viene del latín educatio, que se refiere a crianza, entrenamiento. A su vez, es un derivado de educere que tuvo por significado guiar, extraer. De forma moderna, educar implica guiar las capacidades de alguien en un sentido.

Por supuesto educar contra la violencia implica hacer florecer las habilidades para evitar comportarse de forma agresiva contra los demás o contra sí mismo. Nuestra sociedad aún no es permeable a esta idea. Imponer con golpes el punto de vista (en los extremos) o cuando menos ofender a quien no coincide con nuestra visión, es muy común (tampoco es exclusivo México).

Ninguna escuela en el mudo educa, solo instruye para fortalecer o direccionar las capacidades. La educación, donde verdaderamente se extraen o se frustran los talentos, capacidades o aptitudes, es en la familia. Tener hijos no garantiza contar con las cualidades para educar. Por ello, se corrigen conductas con golpes. Este es el método en apariencia natural para conseguir una conducta. Pero es falsa porque a espaldas de los padres hacen y deshacen.

De esta forma queda claro en los niños y adolescentes que quien golpea impone su visión. De esta forma es como la mayoría fue educado. El problema es que nada garantiza que esa visión del mundo sea la más adecuada. Pero ha quedado en la mente que quien golpea manda.

Hace unos días murió una niña de catorce años a causa de los golpes propinados por otra compañera que la acosaba (mal llamado bullying por los medios). Una o varias personas debieron convencerla de que la forma de detener el acoso debía ser mediante golpes (la premisa de quien pega, manda). El problema es que la acosadora, también formada en esa lógica, fue más hábil con los golpes. Me atrevo a decir que mejor educada en agresiones física.

El desenlace es fatal para ambas. Una por morir a causa de la golpiza; la otra porque ahora el procedimiento judicial le llevará a recorrer una serie de instituciones que nunca han garantizado una readaptación social, una reinserción con otro concepto educativo.

La evolución obligó al antecedente de los seres humanos a desarrollar el habla. Esa es una de las habilidades por educar. La psicología ha demostrado que hablar, comunicarnos, permite expurgar nuestros pesares anímicos, esos demonios que inquietan el alma. La pedagogía ha reconocido que charlar fortalece la capacidad de reflexión, análisis y de toma de decisiones.

Sin embargo, en las familias no se otorga tiempo al encuentro verbal; donde, incluso, los lazos afectivos encontrarían mejor solidez. Y estos mismos vínculos evitarían el consumo de sustancias para intoxicarse (que va desde el abuso del alcohol hasta sustancias prohibidas). Todos los alcohólicos sienten angustia, que dejaría de experimentarse si tan solo supieran comunicar sus sentimientos y tuvieran quién los escuchara adecuadamente.

Se continúa subvalorando el papel que juega en la formación el uso del idioma. Se conceptúa como algo natural que los niños aprendan a hablar (es decir, a usar el idioma), sin tener consciencia que este sería el instrumento más poderoso para educar y hacer grande a alguien.

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