DOS MUJERES, UN CAMINO

Arturo Miranda Montero

Así, de botepronto, ¿hay quien pueda explicitar que es el panismo y qué el morenismo guanajuatenses?

Para qué quebrarnos la cabeza tratando de explicar contenidos ideológicos si esos referentes se quedaron diluidos en el siglo pasado.

Si infancia es destino, en realidad aquí tenemos dos vertientes de lo mismo. El panismo y el lópezobradorismo quieren exactamente lo mismo: mandar sobre todos. Tres décadas son evidencia irrefutable para demostrar que el panismo tiene el control de todos los poderes y que aquí se hace su santa voluntad. Y cinco años de AMLO nos han enseñado lo mismo: el señor presidente como el mandón de todo, aunque le han faltado condiciones favorables para su objetivo autoritario.

El afluente panista del morenismo guanajuatense se ha hecho del control de ese movimiento, que no ha querido ser partido aún. Por eso sus dirigentes traen el adn azul y nada los dibuja distintos a sus ex. Resulta que quieren disputarles el mando con las mismas prácticas que han aprendido para hacer política.

Queda muy claro que las elecciones son cosa de los gobiernos. El líder morenista ya tiene trazado el provenir ideal: 31 millones de votos para lograr la presidencia nacional, el control del congreso en sus dos cámaras y prefigurar un poder judicial que no estorbe con leyes. Para eso necesita sumar más gobernadores a los 23 que ya tiene; no le importa si son buenos gobernantes, lo vital es que sean eficientes operadores electorales, y para eso hay dinero, mucho dinero de todas partes.

De su lado, el panismo de acá también tiene su plan electoral oficial. Cosa de ver los actos y dispendios, que lograrán lo de siempre en décadas: ganar Guanajuato.

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