Análisis Económico — El 1 de enero de 2026 ha marcado un hito en la política laboral mexicana. Con un incremento del 13%, el salario mínimo general se ha fijado en 9,582.47 pesos mensuales (315.04 diarios), mientras que en la Zona Libre de la Frontera Norte alcanza los 13,409.80 pesos (440.87 diarios). Sin embargo, este avance en el poder adquisitivo enfrenta un enemigo silencioso y persistente: una inflación que ha vuelto a encender las señales de alerta.
1. El reto de los «precios tercos»: Inflación en amarillo
A pesar del incremento salarial, el cierre de 2025 dejó una advertencia clara. En noviembre, la inflación general repuntó al 3.80% anual, frente al 3.57% de octubre, manteniendo el semáforo nacional en amarillo.
Lo que realmente preocupa a los analistas es el componente subyacente —aquel que elimina los precios volátiles como energía y alimentos frescos—, el cual se aceleró hasta el 4.43% anual. Este indicador es crucial porque es donde la política monetaria tiene mayor incidencia y refleja las presiones estructurales en servicios y mercancías. Si esta tendencia continúa, el aumento al salario mínimo corre el riesgo de ser absorbido rápidamente por el alza en el costo de vida antes de que termine el primer trimestre de 2026.
2. El «Fisco Ganador»: El salto recaudatorio del ISR
Un efecto colateral, a menudo ignorado en la narrativa oficial, es el impacto proporcional en la recaudación fiscal. Al elevarse el piso salarial, se produce un desplazamiento masivo de trabajadores hacia rangos superiores en las tablas del Impuesto Sobre la Renta (ISR).
Este ajuste significa que el Estado no solo otorga un beneficio al trabajador, sino que asegura una mayor captación de recursos de manera automática. Al haber más personas percibiendo ingresos por encima del límite de exención, la retención de impuestos directos al trabajo se fortalece, convirtiendo al aumento salarial en una potente palanca de financiamiento para el gasto público federal.
3. Recuperación real vs. Costo empresarial
Para este 2026, el salario mínimo general ya permite adquirir el equivalente a dos canastas básicas, cumpliendo una de las promesas centrales de la administración. No obstante, para las micro y pequeñas empresas (MiPyMEs), el costo de absorber un alza del 13% en un entorno de inflación subyacente al 4.43% es una prueba de fuego.
- Riesgo de Informalidad: Ante mayores costos laborales y fiscales, algunas unidades productivas podrían verse tentadas a migrar a la informalidad.
- Ajuste de Precios: El incremento en los costos de servicios (que ya subieron 4.49% al cierre de 2025) podría trasladarse directamente al consumidor final.
4. Vigilancia y Sanciones
Para blindar este incremento, la Ley Federal del Trabajo mantiene su rigor. Los empleadores que omitan el pago de los 315.04 pesos diarios se enfrentan a multas que pueden alcanzar los 362,048 pesos y, en casos de omisiones graves y prolongadas, incluso penas de prisión.
Conclusión: El 2026 inicia con un trabajador que gana más, un Estado que recauda más, pero una economía que aún no logra «domar» la inflación subyacente. El éxito de esta política dependerá de que el aumento salarial no sea solo un número nominal, sino un bienestar real que no se disuelva en la ventanilla del supermercado.
