La fortaleza de la moneda nacional no es un fenómeno aislado, sino el resultado de una convergencia de factores que han debilitado al billete verde a escala global.
La estabilidad del peso mexicano se ha convertido en el barómetro favorito de la narrativa política nacional. Al cierre de este lunes 26 de enero de 2026, la paridad frente al dólar se ubicó en 17.37 unidades, consolidando una apreciación anual del 15.03 %. Sin embargo, detrás de la frialdad de los indicadores cambiarios se esconde una compleja partida de ajedrez donde México navega entre el viento de cola de la economía estadounidense y el vendaval político que sopla desde Washington.
La Anatomía del «Súper Peso»
La fortaleza de la moneda nacional no es un fenómeno aislado, sino el resultado de una convergencia de factores que han debilitado al billete verde a escala global. La desaceleración del empleo en Estados Unidos y la postura más laxa de la Reserva Federal (Fed) —que ha optado por recortes en las tasas de interés— han restado atractivo al dólar, permitiendo que el peso gane terreno de manera significativa.
Incluso frente al euro, el peso ha demostrado resiliencia. Con un cierre de 20.64 unidades por euro, la moneda mexicana acumula una apreciación anual del 4.54 % frente a la divisa europea. Esta disparidad en el «castigo» a las divisas extranjeras —mucho más profundo contra el dólar que contra el euro— subraya que el movimiento actual es, en gran medida, un reflejo de las dudas sobre la salud económica de nuestro principal socio comercial.
El Ajedrez de Sheinbaum frente al «Efecto Trump»
En el frente interno, el gobierno de Claudia Sheinbaum ha logrado proyectar una imagen de disciplina fiscal y control institucional que los mercados han comprado como una señal de estabilidad. Este «ajedrez político» ha sido vital para absorber los embates de la retórica de Donald Trump, cuya agenda para 2026 —marcada por amenazas de aranceles y una postura proteccionista extrema— busca forzar una renegociación del T-MEC bajo sus propios términos.
No obstante, la fortaleza del peso es un arma de doble filo. Si bien abarata las importaciones y ayuda a contener la inflación, también erosiona la competitividad de nuestras exportaciones y reduce el poder adquisitivo de las familias que dependen de las remesas. La administración federal enfrenta el reto de no caer en el triunfalismo cambiario: un peso fuerte no sustituye la necesidad de una infraestructura sólida y una estrategia de seguridad que proteja las cadenas de valor.
La Trampa de la Autocomplacencia
Hacer tratos con una administración estadounidense que utiliza la volatilidad como herramienta de negociación requiere más que solo números positivos en la pantalla. El llamado «Efecto Trump» eleva la prima de riesgo estructural sobre México. Cualquier giro brusco en la política migratoria o la imposición unilateral de aranceles podría provocar una corrección violenta en el tipo de cambio, recordándonos que la soberanía económica no se construye solo con paridad cambiaria, sino con diversificación y certidumbre jurídica.
Si bien el momento del peso es envidiable, la verdadera fortaleza de México se probará en las mesas de negociación del T-MEC. La moneda es el escudo, pero la política económica interna debe ser la espada.
