Por: Redacción Celaya, Gto. — El año 2025 cierra para Celaya como un ejercicio de profundos contrastes. Para la administración de Juan Miguel Ramírez Sánchez, ha sido un periodo donde la narrativa de «transmisión de esperanza» y la inversión en infraestructura chocaron frontalmente con una realidad de violencia persistente, fracturas sociales y revelaciones perturbadoras sobre las presiones del crimen organizado hacia el poder civil.
La política del color: El sello guinda en la ciudad
Uno de los puntos que mayor debate generó en la opinión pública fue la intervención de la imagen urbana. La administración impulsó un cambio estético marcado por el uso extendido del color rojo terracota o guinda en edificios públicos como la Presidencia Municipal, rampas de accesibilidad y ornamentos como el Árbol de Navidad.
- Identidad vs. Propaganda: Mientras el alcalde defendió estas acciones como una búsqueda de identidad local, la oposición y diversos sectores ciudadanos lo calificaron como un uso partidista del espacio público para posicionar la imagen de Morena.
- Visión personal: El propio Ramírez Sánchez alimentó la polémica al declarar abiertamente que le gustaría ver «toda la ciudad» pintada de ese tono.
Seguridad y revelaciones: Gobernar bajo la sombra de las balas
La violencia criminal se mantuvo como el eje central y el mayor desafío del año. Celaya despidió el 2025 con homicidios dolosos concentrados en zonas críticas como la colonia Del Bosque y ataques armados en centros de actividad económica.
- Ataque a la Central de Abastos: Un evento que marcó el año fue el ataque a balazos en este centro de abasto, que dejó comerciantes asesinados y puso en evidencia la vulnerabilidad de los locatarios ante la extorsión.
- Revelaciones del alcalde: En un acto de inusual transparencia, Ramírez Sánchez reconoció que él y su equipo recibieron amenazas directas, incluyendo balas dejadas en sus vehículos.
- Reunión forzada: El alcalde reveló que, siendo aún electo, fue llevado con engaños a una reunión con líderes delictivos que exigieron dinero y cargos en el gabinete; Ramírez afirmó haberse negado a dichas peticiones.
- Tregua estadística: Al cierre del año, el edil presumió un periodo de nueve días y medio sin homicidios dolosos, un dato que la administración utilizó para sostener un «saldo positivo» pese al incremento en robos con violencia y violencia familiar.
Gobernabilidad y conflictos: La distancia con los sectores críticos
A pesar de la retórica de cercanía, el alcalde enfrentó episodios que lo mostraron distante de ciertos grupos sociales:
- Conflicto con jubilados: Pensionados del municipio bloquearon la Presidencia tras el anuncio del retiro de prestaciones que el alcalde consideró «no fundamentadas». Lejos de negociar, Ramírez Sánchez optó por llevar el conflicto a la vía judicial.
- Marcha por la Paz: Durante una movilización nacional con consignas críticas hacia su gobierno, el alcalde fue interpelado por manifestantes, pero no salió a atenderlos personalmente, lo que alimentó la percepción de distanciamiento social.
- Mano dura: El gobierno anunció medidas estrictas contra el grafiti, advirtiendo sanciones incluso para los padres de menores que dañen fachadas, y mantuvo controles férreos sobre la pirotecnia para evitar tragedias como las del pasado.
Infraestructura: El asfalto como bandera
El Programa General de Obra 2025 fue el pilar donde la administración buscó legitimidad. Se reportaron al menos 30 obras concluidas y 85 en ejecución, enfocadas en pavimentación con material «Gravacero», drenaje y alumbrado en colonias populares. Si bien estas acciones fueron bien recibidas en las comunidades beneficiadas, organizaciones ciudadanas cuestionaron que el pavimento nuevo no ha logrado frenar la percepción de inseguridad ni mejorar los servicios básicos de manera integral.
El cierre de año y la purga en el gabinete
Aunque durante diciembre el alcalde se mostró reticente a realizar cambios, en sus últimas declaraciones confirmó que el 2026 iniciará con movimientos clave.
- Salida en la Oficialía Mayor: Se confirmó que Mireya Villagómez Molina dejará el cargo en la primera catorcena de enero.
- El factor «Desgaste»: Ramírez Sánchez justificó el relevo señalando un «desgaste político de la funcionaria» con regidores, jubilados y empleados, un movimiento que busca aliviar la presión administrativa tras un año de tensiones.
Balance Final: Celaya termina el 2025 como una ciudad en obra, pero aún atrapada en una espiral de delitos de alto impacto. El alcalde Juan Miguel Ramírez cierra el periodo con una aprobación «Media» (47.3% según Mitofsky), ubicado en el lugar 103 nacional. Su gestión navega hoy entre la firmeza de sus decisiones y la fragilidad de una seguridad que sigue siendo el reclamo número uno de las familias celayenses.
